Corrían los años aquellos del Conflicto armado interno en Guatemala, donde si ayudabas a la guerrilla, el ejercito te perseguía, y viceversa, pero nosotros éramos misioneros de nuestra parroquia, y decidimos un día hacer una colecta e nuestra iglesia, y juntamos muchos víveres y ropa abundante y decidimos en varios carros de doble entrar a las comunidades que tenían mayor conflicto (Comunidades en Resistencia) luego de estar compartiendo con los aldeanos dejándoles un poco de víveres y llevándoles el evangelio y aliento humano, corrió la voz de alarma que venia uno de los grupos en conflicto y que si nos encontraban en el lugar habrían problemas, entonces corrimos inmediatamente al carro por orden de los lideres de la aldea, nos dieron instrucciones de no parar hasta llegar a la cabecera municipal y que siguiéramos nuestro destino sin parar porque corría peligro nuestra vida, acostumbraban en ese entonces perseguir a todo aquel que ayudara a las aldeas, salimos a toda maquina sin darnos cuenta de lo que podía suceder, veníamos a media montaña cuando nos dimos cuenta que el tanque de gasolina estaba prácticamente vacío.
No nos quedaba mas remedio que seguir hasta donde la maquina se parara y no caminara mas por falta de combustible, e inmediatamente sucedió lo previsible, nos quedamos sin gasolina. Eran como las 6:30 de la tarde, con frío intenso y una densa niebla en donde estábamos, empezamos los tres a temblar del frío y del miedo de enfrentar a la muerte ya sea por frío o por que fuéramos ejecutados por los bandos en conflicto. Luego de una hora de no saber que hacer decidimos todos que si nos tocaba ese momento íbamos a enfrentarlos con Dios, y decidimos hacer oración, nos pusimos a orar, y a dejarnos en las manos de Dios, pero a mi se me ocurrió decirle esto a Dios, "Nosotros venimos a traerle el evangelio a esta pobre gente, si hemos de morir, pues que sea tu voluntad pero si Señor tu quieres que nos salvemos, tenes que hacer algo... " Terminamos la oración y todos con paz regresamos al carro en medio de aquella desolación a enfrentar lo que nos tocara, era mucho el riesgo si algún bando nos encontraba en el camino. Luego de unos minutos en el carro soportando el frío tuvimos que dar vuelta a la llave para encender las luces para ver si podíamos hacer algo cuando notamos que el tanque de gasolina estaba lleno. Decidimos aceptar ese milagro con gran agradecimiento y regresamos sanos y salvos a nuestros hogares esa noche. Nunca voy a olvidar ese momento. Nunca.
Me llamo José Luís Galván. La semana pasada se me acerca una de las niñas del coro de niños que dirijo en mi Parroquia, en Fort Smith Arkansas, una pequeña ciudad en Estados Unidos. La niña, tenia una cierta mirada triste y me dijo; "Estoy triste porque mi tío murió este fin de semana en un accidente automovilístico." Yo no supe que decir, mas que iba a orar por ella. Durante la misa, se la pasaba limpiando sus ojitos cada vez que recordaba que ya no iba a poder ver a su tío. A mi me dio mucha lastima pero que podía hacer nada. Varios días después al terminar nuestra practica, que por cierto no hicimos casi nada pues los niños estaban un poco inquietos y tenían muchas preguntas acerca de cosas difíciles de contestar como la muerte, el noviazgo, los padres y cosas así. Al final cuando íbamos hacer la oración se me ocurrió una idea que, ahora que lo veo, no fui yo sino el Espíritu Santo que nos guía día a día. Apague casi todas las luces de el cuarto, y cuando me senté les dije. "Me gustaría hacer algo especial esta noche. No se ustedes pero yo siento que cada día hay menos reflexión interior, menos oración, menos espiritualidad y eso me preocupa. Ustedes son chicos y chicas de edad (la mas grande tiene 13 anos) pero creo que es un buen tiempo para hacer esta actividad. Cuantos de ustedes antes de dormir escuchan la radio o la televisión?"--todos levantaron la mano. “¿Y cuantas de ustedes al despertar es lo primero que hacen, encender el televisor o la radio?"--y también todos levantaron la mano. Y yo les dije, "Me gustaría hacer una oración esta noche pero un poco diferente pues quisiera que experimenten el amor de Dios hacia nosotros y como es tan bonito sentir su presencia." --les pedi que cerraran los ojos y que reflejaran un canto que yo les iba a cantar pero que no era yo sino Dios quien lo estaba entonando, eran de Dios todas las palabras y la música. Todos cerraron sus ojitos. Yo empecé a pedir por cada uno de ellos, por todos los problemas, por la muerte de nuestros familiares, por nuestros amigos. Ya que estaba listo el tiempo para la meditación cante un canto muy hermoso que a mi en lo particular me llega mucho, es decir siento a Dios a través de la música. El canto dice, -“Confundido vengo a tus pies oh Gran Señor, en mi vida tengo triste el corazón, busco en ti consuelo hoy busco una razón, estoy solo y tengo miedo de vivir sin tu amor. el coro dice así; Los amigos muchas veces, me hieren en verdad pero también son humanos y debo perdonar, hazme comprender señor que solo tu me das, que contigo tengo todo y no puedo pedir mas, he venido hasta ti para amarte y nada mas, no no tengo nada nada mas que dar, solo un corazón que te ama te ama de verdad ven aquí me tienes quiero darme a los demás, he venido hasta ti para amarte mas, mucho mas”. Lo maravilloso de esta historia tan real es que cuando termine la oración y les dije que podían abrir sus ojos, mas de la mitad de esos niños, estaban en lagrimas. Les pregunte porque lloraban y me dijeron que jamás habían sentido a Dios así en una oración. Es tan lindo como trabaja Dios, y a quien escoge para llevar su mensaje, pero todos lo podemos hacer, todos podemos ser mensajeros suyos. Los invito a todos ustedes a que sean instrumentos del Señor se atrevan a Evangelizar sin tener miedo tanto a grandes como a pequeñitos como estos niños.
Que Dios le Bendiga,
José L. Galván

¿QUE QUIERES QUE HAGA POR TI?
(Mc. 10, 51)
HISTORIAS DE ORACIÓN
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